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Malvinas: el desembarco que no fue

¿Quiénes y cuándo decidieron ocupar las islas?

publicado en revista Veintitrés, Buenos Aires, 27 marzo 2000.

Contra lo que mucha gente supone, la ocupación de las Islas Malvinas no fue una decisión repentina ni arbitraria del ex general Galtieri, sino un operativo "institucional", planeado por la Marina y resuelto en forma orgánica por los órganos de poder del Proceso.

La resolución estaba tomada antes de que Galtieri asumiera como presidente, y la ejecución se previó inicial­mente para el 14 de diciembre de 1981. En la trastienda del régimen, numerosos militares y civiles estaban informados del plan, y tanto es así que algunos datos concretos del mismo llegaron a circular por Europa con bastante antelación. Veamos las evidencias del caso.

  

            En 1981, la descomposición de aquella ominosa dictadura era notoria. Eliminada la "amenaza subversiva", su justificación estaba agotada. La creciente oposición gremial y popular empujaba a los militares a una retirada en desorden, salvo que algún hecho nuevo les diera oxígeno. La búsqueda de consenso para una "salida política" alentaba asiduos encuentros de los mandos del Ejército y la Marina con círculos civiles. Cada arma hacía su juego, y el almirante Massera tejía sus propias redes.

            Algunos operadores allegados a la Marina contactaron al doctor Adolfo Silenzi de Stagni, un prestigioso abogado nacionalista que había estudiado la importancia del petróleo en la cuestión de la Malvinas. Dado el gran potencial petrolífero de la cuenca del mar austral en la que se sitúan las islas, Silenzi de Stagni estaba convencido de que Gran Bretaña nunca las devolvería por medios pacíficos, y tuvo conocimiento de que los marinos habían elaborado un plan para ocuparlas por la fuerza. Según revelaron después las investigaciones periodísticas, ese plan, que contemplaba varias alternativas tácticas, había sido encomendado por Massera en 1977 a Jorge Isaac Anaya, quien desde 1979 era comandante en jefe de la Armada e impulsaba resueltamente su ejecución.

            Silenzi preparó un libro tendiente a justificar ese paso, en base a los materiales que había recopilado durante años, recapitulando las negociaciones bilaterales desarrolladas desde 1965 en virtud de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que propugnó la descolonización. A pesar de la persistente intransigencia inglesa en cuanto a la soberanía, al conocerse los estudios geológicos efectuados por un equipo de investigadores norteamericanos -el llamado Informe Griffiths-, la perspectiva de extraer hidrocarburos de la cuenca marina indujo al Foreign Office a partir de 1976 a proponer que la disputa se transformara en un factor de "cooperación económica" entre Argentina y el Reino Unido. La idea era conceder conjuntamente áreas de explotación a las compañías multinacionales, lo cual contaba con el decidido apoyo del ministro Alfredo Martínez de Hoz, ostensible en sus reiterados viajes a Londres.

            El libro se llamó Las Malvinas y el petróleo, y fue incluido en la colección Geopolítica que dirigía Julio A. Oliva para El Cid Editor. En el prólogo, fechado el 3 de diciembre de 1981, no obstante sus prevenciones por la carencia de consenso de la dictadura, Silenzi de Stagni instaba "a los integrantes de la Junta Militar a que asuman la responsabilidad histórica de ocupar las Malvinas", lo cual les granjearía el aplauso de los argentinos por encima de cualquier ideología. Sin embargo, sospechando que iban a replantearse las maniobras que impulsara antes Martínez de Hoz, Silenzi advertía que "esta recuperación, que considero como un hecho inexorable" no debía culminar con un acuerdo a espaldas del pueblo, "ofreciendo luego en trueque la explotación en común de la gigantesca riqueza existente en el mar austral".    

            El editor del libro era un colaborador del masserismo, Eduardo Varela Cid. Este inescrupuloso negociante con ambiciones políticas, que publicó después otro libro del propio Massera y en el período menemista llegaría a ser diputado nacional, estaba bien informado sobre el operativo y se propuso lanzar la obra en Buenos Aires para que coincidiera con la ocupación de las islas.

            Varela Cid tenía un socio español y una filial de su editorial en Barcelona, por lo cual viajó a esa ciudad a mediados de noviembre de 1981. En tal ocasión, conversando con el autor de esta nota y otros exiliados argentinos sobre la situación del país, explicó su intención de publicar el libro de Silenzi y aseguró que la invasión de las Malvinas estaba fijada para el 14 de diciembre. Uno de los que conocieron la versión, el ex diputado cordobés Fausto Rodríguez, la comentó en el Diario de Mallorca y en un programa de Radio Popular que conducía en Palma de Mallorca, aunque en aquel momento nadie pareció tomarla en serio.

            Recordemos que todavía desempeñaba la presidencia el general Viola, que su gestión era cuestionada desde varios sectores y, a raíz de una afección cardíaca, tuvo que delegar el cargo en forma transitoria a su ministro el general Horacio Liendo. Es curiosa la coincidencia de algunos episodios de aquellos días con sucesos recientes: desde la subsecretaría técnica del Ministerio del Interior, Domingo Felipe Cavallo (que ya en su paso por el Banco Central había perpetrado la estatización de la deuda externa privada) acababa de imponer medidas para bajar las tasas de interés y limitar la compra de dólares, que fueron tachadas de “dirigistas”, aumentaron el descontento y empujaron el cambio de gobierno.

            En los primeros días de diciembre ya se daba por cierto que Viola dejaría la presidencia y su sucesor sería el comandante en jefe del ejército, Leopoldo F. Galtieri. Tras algunas idas y venidas, la Junta Militar resolvió destituirlo el 10 de diciembre. Los mandos de la Marina siempre habían desconfiado de Viola y de sus manejos políticos, que no desdeñaban incluso negociar con los comunistas soviéticos, y el almirante Anaya apoyó el recambio. ¿Qué incidencia tuvo en este episodio la cuestión Malvinas? Algunos suponen que Anaya puso el tema sobre el tapete como condición para apoyar a Galtieri. En cualquier caso, si había una fecha fijada, es evidente que la inminencia del recambio en la cúpula militar obligaba a postergar la operación.

            El primer volumen del libro de Silenzi de Stagni apareció en enero de 1982, según consta en su pie de imprenta, con el sello de El Cid Editor. A esa altura ya circulaban rumores en medios periodísticos de Buenos Aires. Iglesias Rouco comenzó a mencionar el asunto en su columna de La Prensa del 17 de enero y se manejaban otras fechas para invadir Malvinas. Galtieri y sus consejeros habían asumido el proyecto, en la suposición de que podrían lograr el aval de Estados Unidos. Un grosero "error de cálculo" les llevó a creer que se podía desplazar a los ingleses con el visto bueno de sus socios americanos.

            El segundo volumen de Las Malvinas y el petróleo, en el cual se historiaban las negociaciones con el Reino Unido durante el período del Proceso, aunque debía aparecer dos meses después del primero, se demoró hasta el año siguiente y lo publicó Ediciones Theoría. El autor tuvo divergencias con Varela Cid que derivaron en una demanda judicial, y además comenzó a recibir amenazas anónimas, la policía interrumpió una conferencia de prensa que había convocado en su estudio y a mediados de marzo tuvo que exiliarse en Brasil.

            En los últimos días de marzo se produjo el incidente de las islas Georgias, también proyectado desde mucho antes como “Operativo Alfa”, cuando los obreros de la empresa chatarrera de Constantino Davidoff, encargados de desguazar las instalaciones de una ballenera, izaron la bandera argentina. La Marina precipitó esa provocación, a pesar de que algunos jefes militares consideraban inconveniente alertar así a los ingleses. La ocupación se produjo el 2 de abril, y lo demás es historia conocida.

            Con excepción de Silenzi de Stagni, quien falleció hace pocos años, otras personas mencionadas que aún viven pueden confirmar los hechos referidos. Todavía hay varios puntos por aclarar acerca de los antecedentes del conflicto, que pertenecen ahora al dominio de la historia. Las evidencias de que existía un plan orgánico y una decisión anterior de tomar las islas permiten evaluar mejor la génesis de la guerra y los roles de los protagonistas, aunque no absuelven a ninguno de ellos por las imprevisiones y los errores cometidos. Al contrario, añaden nuevos elementos para apreciar la irresponsabilidad con que se manejó el asunto, dentro de un régimen corrupto que, fracturado por sus contradicciones internas, no podía sino llevarlo al fracaso.