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Comprobar que la ley fracasó, por Hernán Scandizzo, para Caldenia, La Arena
Julio de 2000
“…A casi doscientos años de la revolución por la independencia, experimentamos la sensación de un fracaso abrumador como nación. Ni mi libro ni yo podemos decir cómo se resuelve el dilema. Pero una historia sobre la resistencia popular ayuda a comprender, tal vez, que las contradicciones sociales no se resuelven exterminando a los
rebeldes, y más aún, que es imposible exterminar la rebeldía”.
Los buenos bandidos, por María Esther Gilio, para Brecha
Septiembre de 2000
“En su último libro, el menos leído, el más claro y el más terrible de todos por su racismo, Sarmiento toma otra vez a Artigas y mezcla su juventud de bandolero y contrabandista con la etapa posterior de revolucionario. Para Sarmiento sigue siendo un bandolero, un delincuente. Y eso fue lo que hizo también el Directorio. El director supremo, Posadas, sacó un bando pidiendo la captura de Artigas vivo o muerto, como si fuera un delincuente y no el líder de la insurrección de la Banda Oriental...”
Yo vendo unos ojos negros, por Claudio Zeiger, para Radar, Página/12
Agosto de 2001
“Hay dos circunstancias fundamentales que ahora pueden tener su explicación: el giro que da San Martín cuando decide romper con España y venir a América a ponerse al servicio de la revolución. El otro es su proyecto político, en especial la adhesión a la monarquía incaica de Belgrano. Sin duda, San Martín era monárquico, pero siempre pensó en términos de un proyecto americano. Yo creo que el hecho de saber que tenía sangre india lo llevó a adoptar un punto de vista americanista".
Lazos de sangre, por Gabriel Leone, para Rumbos
Agosto de 2005
“Este es un país que tiene un sustrato indígena negado… Nuestro drama fue siempre aparentar lo que no somos, pretender ser Europa por la fuerza. Con esta lógica, Buenos Aires se mira en las luces de París, la clase media aspira a parecerse a la aristocracia y el trabajador niega o ignora su parte indígena, al tiempo que desprecia a los indios de las comunidades".
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De una entrevista para Revista Universitaria, en Santa Rosa, abril de 1985:
He estado durante todos estos años, desde afuera, siguiendo siempre lo que pasaba en el país, tratando de no perder contacto con nuestra realidad. Pero al volver me doy cuenta de que nos faltan todavía elementos para entender la dimensión de la crisis actual… porque esta vez es como si se hubiera tocado el hueso de la gente, esta vez no es como en la salida de otras dictaduras, sino que ha habido una conmoción más profunda.
Pienso que hace falta un proyecto de reconstrucción... El peronismo es el movimiento que tenía más definido un proyecto de transformación, de liberación nacional, pero me da la impresión de que está desactualizado, que hay que pensar de nuevo el país. Creo que es una oportunidad para definir un proyecto propio, original…
Es una tarea que debemos plantearnos los que queremos a la Universidad porque la vemos como un foco de irradiación de futuro, de vida, de inquietudes. Un factor que por sí mismo no va a dar ninguna solución, pero que puede sí alentar, inquietar, empujar a otros sectores a dar las respuestas.
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